Infancia y Maestros. Lo primero en mi camino es dar las gracias a mis padres por muchos motivos, pero si empiezo desde muy pequeño, tuve la suerte de CRECER en una casa con música muy variada: desde el rock, heavy, pop, clásico... hasta, por supuesto, el flamenco.
Siendo de Jerez, era muy probable que el flamenco sonará en mi vida. Este punto que he mencionado lo recuerdo y agradezco muchas veces, porque ha marcado quién soy hoy.
y eso me ha dado y me da la posibilidad de enriquecerme con todos los colores que he conocido hasta ahora. Que Dios me dé más tiempo para seguir conociendo más cultura musical, porque estoy seguro de que, entre otros beneficios que otorga la diversidad musical, Es que me ha ayudado a fortalecer mi personalidad.
En mi infancia hubo un momento muy importante: la primera vez que oí una guitarra en vivo de manera consciente. Tendría unos 10 o 11 años, y fue para mí el impacto más grande de mi vida, porque aún recuerdo esa emoción tan fuerte. Fue en un club social cerca de mi casa, donde pasaba mucho tiempo jugando con otros niños y familiares, cuando tuve la gran experiencia de oír una guitarra en directo.
Siendo de Jerez, era muy probable que el flamenco sonará en mi vida. Este punto que he mencionado lo recuerdo y agradezco muchas veces, porque ha marcado quién soy hoy.
y eso me ha dado y me da la posibilidad de enriquecerme con todos los colores que he conocido hasta ahora. Que Dios me dé más tiempo para seguir conociendo más cultura musical, porque estoy seguro de que, entre otros beneficios que otorga la diversidad musical, Es que me ha ayudado a fortalecer mi personalidad.
En mi infancia hubo un momento muy importante: la primera vez que oí una guitarra en vivo de manera consciente. Tendría unos 10 o 11 años, y fue para mí el impacto más grande de mi vida, porque aún recuerdo esa emoción tan fuerte. Fue en un club social cerca de mi casa, donde pasaba mucho tiempo jugando con otros niños y familiares, cuando tuve la gran experiencia de oír una guitarra en directo.
Mi padre tenía una guitarra en casa de mi abuela, guardada en el armario junto con un curso de CCC (una empresa que vendía cursos con casetes y libros). Ese fue mi primer contacto real con una guitarra (imaginen la calidad del instrumento, apenas se podía tocar), y por mí mismo empecé a preguntar dónde podía aprender, porque me di cuenta de que solo no sería posible.
Y fue ahí donde comenzó la aventura de aprender a tocar la guitarra, en una de las mejores escuelas que pudieron existir, con mis maestros Don José Luis Balao y Manuel Lozano “El Carbonero”. Recuerdo que asistía los lunes, miércoles y viernes, y en el colegio, por las mañanas, esos días estaba muy feliz porque sabía que iba a aprender algo nuevo que para mí tenía muchísimo valor.
Aún recuerdo el material aprendido de aquella época.
no había tecnología para grabar como hoy en día, así que trabajaba mucho la memoria. Agradecía cada nota que aprendía, y también aprendí a afinar de oído usando el diapasón.
En esos primeros años en la academia, aprendí toda la metodología que usaba el maestro Rafael del Águila, quien fue maestro de Balao, Carbonero, Moraito, Periquín, Gerardo Núñez y muchos más. Ahí supe identificar los estilos dentro del flamenco, y mi afición iba creciendo cada día. Esa etapa infantil con la guitarra fue mágica y enriquecedora, también por compartir momentos con otros alumnos en la sala de espera, donde aprendíamos muchísimo.
Mi padre tenía una guitarra en casa de mi abuela, guardada en el armario junto con un curso de CCC (una empresa que vendía cursos con casetes y libros). Ese fue mi primer contacto real con una guitarra (imaginen la calidad del instrumento, apenas se podía tocar), y por mí mismo empecé a preguntar dónde podía aprender, porque me di cuenta de que solo no sería posible.
Y fue ahí donde comenzó la aventura de aprender a tocar la guitarra, en una de las mejores escuelas que pudieron existir, con mis maestros Don José Luis Balao y Manuel Lozano “El Carbonero”. Recuerdo que asistía los lunes, miércoles y viernes, y en el colegio, por las mañanas, esos días estaba muy feliz porque sabía que iba a aprender algo nuevo que para mí tenía muchísimo valor.
Aún recuerdo el material aprendido de aquella época.
no había tecnología para grabar como hoy en día, así que trabajaba mucho la memoria. Agradecía cada nota que aprendía, y también aprendí a afinar de oído usando el diapasón.
En esos primeros años en la academia, aprendí toda la metodología que usaba el maestro Rafael del Águila, quien fue maestro de Balao, Carbonero, Moraito, Periquín, Gerardo Núñez y muchos más. Ahí supe identificar los estilos dentro del flamenco, y mi afición iba creciendo cada día. Esa etapa infantil con la guitarra fue mágica y enriquecedora, también por compartir momentos con otros alumnos en la sala de espera, donde aprendíamos muchísimo.
Paralelamente al descubrimiento de la guitarra, viví un acercamiento al mundo flamenco de mi tierra, ya que mi padre y su familia (dedicados al comercio mayorista de frutas desde mi bisabuelo) son una familia muy conocida en Jerez, de uno de los dos barrios más importantes y flamencos de Jerez, el Barrio de “La Plazuela”.
Desde muy pequeño he asistido a celebraciones familiares donde siempre había flamenco en su estado más puro. Nos quedábamos dormidos en las sillas mientras cantaban aficionados y profesionales que se unían al evento familiar, como Luis de la Pica, Tío Ramón, La Chati, La Paqui o el baile de Pepe Año. Podría mencionar a muchísimos artistas más.
Recuerdo una de esas fiestas en las que se acercó un gitano mayor muy conocido en el mundo del pescado en Jerez, José Flores, y nos dijo a los niños:
Fue en esta época cuando comencé a involucrarme con el mundo flamenco más auténtico de Jerez. Ahora lo pienso y me considero un privilegiado por haber vivido todo lo que viví con artistas, personalidades, personas tan flamencas y tan auténticas. Eran y serán mis maestros para siempre porque viven en mi corazón.
Me encantaba que mi padre me llevara al Barrio de Santiago, a la “Calle de la Sangre”, los miércoles santos, y que comiéramos garbanzos con bacalao en el “Rincón del Arte” del maestro tocaor Juan Parrilla (hermano de una de las figuras del toque de Jerez, Manuel Fernández “Parrilla de Jerez”).
Para mí todo eso era pura magia. Escucharles hablar era como un sueño; estaba enamorado de ese mundo. Luego nos íbamos al bar en la PORVERA de Los Zambos, donde escuchaba las saetas de Curro de la Morena, Tío Ramón el Coco, Enrique el Zambo y otros artistas del barrio, en ese ambiente tan flamenco, tan jerezano y tan gitano.
Luego me llevaba a la asociación cultural Los Juncales y allí era el templo del flamenco, del compás, de la Bulería para mi era un máximo respeto yo me sentaba en una silla y observaba todo completamente todo.
En Los Juncales veía a los mayores tocar las palmas, memorizaba el patrón en imágenes y luego lo hacía suave sin hacer ruido durante las fiestas. Pero claro, cuando llegaba a casa, siempre practicaba ese patrón. Lo recuerdo perfectamente, con la palma sorda. Creo que fue ahí donde tomé conciencia de lo que era sentir el ritmo, “EL SONIQUETE”. Tenía entonces unos 12 o 13 años. Ese fue mi primer contacto profundo con el Barrio de Santiago, uno de los dos barrios más flamencos de Jerez.
Para mí, ir andando por el barrio y que mi padre me presentara a Al Bo (el mejor palmero de todos los tiempos), a Diego Carrasco, a Pepe la Joaquina, a Luis de la Pica (de quién contaré más adelante), a La Sordera, a Los Zambos, a Periquín Niño Jero (otra gran figura del “toque de Jerez”), al hijo de Tío Borrico, Gregorio… esas personas y artistas eran y son para mí de un calibre muy alto.
Cada uno de ellos sabía que me gustaba mucho la guitarra, porque mi padre se lo decía a todos. Cada uno me daba charlas sobre el flamenco y me ofrecía consejos.
Paralelamente al descubrimiento de la guitarra, viví un acercamiento al mundo flamenco de mi tierra, ya que mi padre y su familia (dedicados al comercio mayorista de frutas desde mi bisabuelo) son una familia muy conocida en Jerez, de uno de los dos barrios más importantes y flamencos de Jerez, el Barrio de “La Plazuela”.
Desde muy pequeño he asistido a celebraciones familiares donde siempre había flamenco en su estado más puro. Nos quedábamos dormidos en las sillas mientras cantaban aficionados y profesionales que se unían al evento familiar, como Luis de la Pica, Tío Ramón, La Chati, La Paqui o el baile de Pepe Año. Podría mencionar a muchísimos artistas más.
Recuerdo una de esas fiestas en las que se acercó un gitano mayor muy conocido en el mundo del pescado en Jerez, José Flores, y nos dijo a los niños:
Recuerdo una de esas fiestas en las que se acercó un gitano mayor muy conocido en el mundo del pescado en Jerez, José Flores, y nos dijo a los niños:
Fue en esta época cuando comencé a involucrarme con el mundo flamenco más auténtico de Jerez. Ahora lo pienso y me considero un privilegiado por haber vivido todo lo que viví con artistas, personalidades, personas tan flamencas y tan auténticas. Eran y serán mis maestros para siempre porque viven en mi corazón.
Me encantaba que mi padre me llevara al Barrio de Santiago, a la “Calle de la Sangre”, los miércoles santos, y que comiéramos garbanzos con bacalao en el “Rincón del Arte” del maestro tocaor Juan Parrilla (hermano de una de las figuras del toque de Jerez, Manuel Fernández “Parrilla de Jerez”).
Para mí todo eso era pura magia. Escucharles hablar era como un sueño; estaba enamorado de ese mundo. Luego nos íbamos al bar en la PORVERA de Los Zambos, donde escuchaba las saetas de Curro de la Morena, Tío Ramón el Coco, Enrique el Zambo y otros artistas del barrio, en ese ambiente tan flamenco, tan jerezano y tan gitano.
Luego me llevaba a la asociación cultural Los Juncales y allí era el templo del flamenco, del compás, de la Bulería para mi era un máximo respeto yo me sentaba en una silla y observaba todo completamente todo.
En Los Juncales veía a los mayores tocar las palmas, memorizaba el patrón en imágenes y luego lo hacía suave sin hacer ruido durante las fiestas. Pero claro, cuando llegaba a casa, siempre practicaba ese patrón. Lo recuerdo perfectamente, con la palma sorda. Creo que fue ahí donde tomé conciencia de lo que era sentir el ritmo, “EL SONIQUETE”. Tenía entonces unos 12 o 13 años. Ese fue mi primer contacto profundo con el Barrio de Santiago, uno de los dos barrios más flamencos de Jerez.
Para mí, ir andando por el barrio y que mi padre me presentara a Al Bo (el mejor palmero de todos los tiempos), a Diego Carrasco, a Pepe la Joaquina, a Luis de la Pica (de quién contaré más adelante), a La Sordera, a Los Zambos, a Periquín Niño Jero (otra gran figura del “toque de Jerez”), al hijo de Tío Borrico, Gregorio… esas personas y artistas eran y son para mí de un calibre muy alto.
Cada uno de ellos sabía que me gustaba mucho la guitarra, porque mi padre se lo decía a todos. Cada uno me daba charlas sobre el flamenco y me ofrecía consejos.
En esta época y en este punto, hubo algo muy importante para mí: el descubrimiento de la guitarra de Moraito. Eso fue otro gran impacto en mi vida, similar a escuchar el instrumento por primera vez. Definir lo que sentí en ese momento solo se puede hacer con una palabra: ENAMORADO. No me ha pasado con ningún otro músico. Fue amor, porque aún siento lo mismo.
Veía los vídeos VHS, los adelantaba y rebobinaba, imaginándome que era él. Pasaba horas viendo vídeos de Moraito acompañando y tocando solo, hasta aprenderlos de memoria.
Recuerdo el primer momento en que estuve con él en persona. Tenía unos 14 o 15 años, fue en la comunión del hijo del futbolista y bailaor Diego de la Margara. Mi padre me llevó a saludarlo, y cuando le contaron que me gustaba la guitarra, me dio consejos.
Recuerdo que le cogí la mano, la miré y sentí su tacto. Volé de emoción! Escribo esto ahora, y las lágrimas me vienen a los ojos, me emociono. ESE ES MI CORAZÓN FLAMENCO.
Si solo una cosa no hubiera estado en su lugar, yo no estaría aquí escribiendo esto. “Dios existe”, y Él quiso y quiere que viviera todo esto de una manera tan mágica y única.
Recuerdo que le cogí la mano, la miré y sentí su tacto. Volé de emoción! Escribo esto ahora, y las lágrimas me vienen a los ojos, me emociono. ESE ES MI CORAZÓN FLAMENCO.
Si solo una cosa no hubiera estado en su lugar, yo no estaría aquí escribiendo esto. “Dios existe”, y Él quiso y quiere que viviera todo esto de una manera tan mágica y única.
En esta época y en este punto, hubo algo muy importante para mí: el descubrimiento de la guitarra de Moraito. Eso fue otro gran impacto en mi vida, similar a escuchar el instrumento por primera vez. Definir lo que sentí en ese momento solo se puede hacer con una palabra: ENAMORADO. No me ha pasado con ningún otro músico. Fue amor, porque aún siento lo mismo.
Veía los vídeos VHS, los adelantaba y rebobinaba, imaginándome que era él. Pasaba horas viendo vídeos de Moraito acompañando y tocando solo, hasta aprenderlos de memoria.
Recuerdo el primer momento en que estuve con él en persona. Tenía unos 14 o 15 años, fue en la comunión del hijo del futbolista y bailaor Diego de la Margara. Mi padre me llevó a saludarlo, y cuando le contaron que me gustaba la guitarra, me dio consejos.
Recuerdo que le cogí la mano, la miré y sentí su tacto. Volé de emoción! Escribo esto ahora, y las lágrimas me vienen a los ojos, me emociono. ESE ES MI CORAZÓN FLAMENCO.
Si solo una cosa no hubiera estado en su lugar, yo no estaría aquí escribiendo esto. “Dios existe”, y Él quiso y quiere que viviera todo esto de una manera tan mágica y única.
Paralelamente, estudiaba el instrumento de la guitarra con mis maestros mencionados anteriormente. Cabe destacar a otro maestro que me influyó mucho en el aprendizaje, sobre todo en el conocimiento del cante, que fue Domingo Rosado. Él era un hombre aficionado al flamenco, pero a un nivel extraordinario. Era carpintero y, en el taller bajo su casa, tenía una sala con cientos o miles de casetes, vídeos, grabaciones que él mismo hacía, ya que iba a todas las peñas con su cámara, grabándolo todo. Era increíble.
Domingo nos enseñaba cosas para que aprendiéramos, especialmente sobre el cante y el acompañamiento, y lo hacía de manera desinteresada. Él fue quien comenzó a llevarnos a las peñas flamencas de toda la provincia de Cádiz.
Para mí, una de las peñas flamencas que más marcó mi vida fue la PEÑA FLAMENCA DE BARBATE, con su presidente Isidoro y todos sus socios, quienes contaban conmigo en numerosas ocasiones. Les estoy muy agradecido.
Paralelamente, estudiaba el instrumento de la guitarra con mis maestros mencionados anteriormente. Cabe destacar a otro maestro que me influyó mucho en el aprendizaje, sobre todo en el conocimiento del cante, que fue Domingo Rosado. Él era un hombre aficionado al flamenco, pero a un nivel extraordinario. Era carpintero y, en el taller bajo su casa, tenía una sala con cientos o miles de casetes, vídeos, grabaciones que él mismo hacía, ya que iba a todas las peñas con su cámara, grabándolo todo. Era increíble.
Domingo nos enseñaba cosas para que aprendiéramos, especialmente sobre el cante y el acompañamiento, y lo hacía de manera desinteresada. Él fue quien comenzó a llevarnos a las peñas flamencas de toda la provincia de Cádiz, y fue entonces cuando empezamos a ganar lugares en ellas.
Para mí, una de las peñas flamencas que más marcó mi vida fue la PEÑA FLAMENCA DE BARBATE, con su presidente Isidoro y todos sus socios, quienes contaban conmigo en numerosas ocasiones. Les estoy muy agradecido.
En esta misma época, cuando tenía unos 14-15 años, tuve el regalo de escuchar y compartir muchos momentos con el maestro Diego del Morao (una de las grandes figuras del toque de Jerez), ya que éramos de la misma edad (del 1978) y teníamos una persona en común, mi primo Kiko, quien era muy amigo de él. Gracias a Kiko pude escucharlo desde joven y hacerme amigo suyo.
Recuerdo tener la consciencia de escucharlo y entender que lo que oía era nuevo, una forma nueva de tocar.
Le tenía mucho respeto.
A partir de ahí quedamos muchas veces para tocar, y él me enseñaba muchas cosas que aún hoy sigo practicando. Me enseñó a diferenciar entre el toque de su tío abuelo Manuel Morao y su abuelo Juan Morao, comparándolos con la forma actual de tocar. Diego mantiene presentes esos patrones y esa forma, que él adapta a su estilo propio.
En esta misma época, cuando tenía unos 14-15 años, tuve el regalo de escuchar y compartir muchos momentos con el maestro Diego del Morao (una de las grandes figuras del toque de Jerez), ya que éramos de la misma edad (del 1978) y teníamos una persona en común, mi primo Kiko, quien era muy amigo de él. Gracias a Kiko pude escucharlo desde joven y hacerme amigo suyo.
Recuerdo tener la consciencia de escucharlo y entender que lo que oía era nuevo, una forma nueva de tocar.
Le tenía mucho respeto.
A partir de ahí quedamos muchas veces para tocar, y él me enseñaba muchas cosas que aún hoy sigo practicando. Me enseñó a diferenciar entre el toque de su tío abuelo Manuel Morao y su abuelo Juan Morao, comparándolos con la forma actual de tocar. Diego mantiene presentes esos patrones y esa forma, que él adapta a su estilo propio.
Paralelamente a estas vivencias en mi adolescencia, seguía con el estudio de la guitarra en la academia de mis maestros, profundizando cada vez más en distintos estilos. Recuerdo también que nos llevaban a un grupo de alumnos a actuar en las peñas flamencas. La primera vez toqué en la PEÑA DE LA BULERÍA, que estaba situada en la C/ Mariñíguez, y luego, al año siguiente, en el centro cultural Don Antonio Chacón. En esa época continuaba mis estudios con el maestro José Luis Balao, quien me enseñó a conocer más a fondo el instrumento, sus armonías con otros géneros musicales, y también a leer partitura.
También iba con Domingo Rosado a distintas peñas flamencas en la provincia de Cádiz, acompañando a los cantaores mencionados anteriormente. Eso fue muy importante para mí, porque me permitió tener un contacto directo con el escenario, con el público, y aprender a templarme en esa dimensión artística. Cada vez teníamos más aficionados que nos seguían y apoyaban.
Fue también de gran importancia en aquella época el presentador y actor Pepe Marín, quien dirigía el programa “A Compás” en Onda Jerez. Fui muchas veces a su programa.
Paralelamente a estas vivencias en mi adolescencia, seguía con el estudio de la guitarra en la academia de mis maestros, profundizando cada vez más en distintos estilos. Recuerdo también que nos llevaban a un grupo de alumnos a actuar en las peñas flamencas. La primera vez toqué en la PEÑA DE LA BULERÍA, que estaba situada en la C/ Mariñíguez, y luego, al año siguiente, en el centro cultural Don Antonio Chacón. En esa época continuaba mis estudios con el maestro José Luis Balao, quien me enseñó a conocer más a fondo el instrumento, sus armonías con otros géneros musicales, y también a leer partitura.
También iba con Domingo Rosado a distintas peñas flamencas en la provincia de Cádiz, acompañando a los cantaores mencionados anteriormente. Eso fue muy importante para mí, porque me permitió tener un contacto directo con el escenario, con el público, y aprender a templarme en esa dimensión artística. Cada vez teníamos más aficionados que nos seguían y apoyaban.
Fue también de gran importancia en aquella época el presentador y actor Pepe Marín, quien dirigía el programa “A Compás” en Onda Jerez. Fui muchas veces a su programa.
y en esa época Onda Jerez estaba en su máximo esplendor.
y en esa época Onda Jerez estaba en su máximo esplendor.
Aquí ocurrió algo muy importante para mí, pues empecé a ser el “tocaor” de Capullo de Jerez. Para mí era inimaginable; él era uno de mis tres favoritos, junto con Luis de la Pica y Juan Moneo “El Torta”. Todo surgió porque Capullo me vio tocando en la verbena de El Pelirón (un barrio de Jerez), y le gustó.
Para mí, él ha sido, es y será un maestro. Pasé varios años a su lado; luego hicimos una pausa y volvimos otra vez durante dos años más. En total fueron muchos años recorriendo festivales, salas, teatros, discotecas y bodas por toda España y el sur de Francia a su lado.
A los 18 años también empecé algo que nació en mí: el deseo de compartir, de enseñar lo que había aprendido hasta ese momento.
En el sótano de la casa de mis padres comencé a dar clases con muy pocos alumnos, aunque algunos más se fueron sumando ese primer año.
Recuerdo que al año siguiente comenzaron a venir más alumnos a la escuela, y mis padres empezaron a cansarse de abrir y cerrar la puerta. Además, querían más privacidad en casa, así que busqué el primer local para alquilar y montar la academia.
En esa época alternaba las clases en la academia con actuaciones junto a Capullo de Jerez y otros artistas de la tierra por toda España y también fuera de nuestras fronteras. A los 20 años ya estaba muy solicitado como tocaor para los cantaores de Jerez y siempre estaba viajando por encuentros y festivales flamencos.
Fue un momento crucial para mi vida artística y personal, ya que pienso que ambas están ligadas y afectan una a la otra. Recuerdo que estaba en Rota y recibí una llamada en el móvil; sería una de las primeras llamadas de Paco Cepero, una leyenda para mí, un gigante del flamenco. Me dijo que en dos semanas actuaremos en el Teatro Villamarta (también era mi primera vez en el teatro de Jerez).
Y yo le dije “¡Vale!”. Jajaja, ¡pero era una locura! Un disco entero, y yo en bañador en la playa. Así que me fui a Jerez, al sótano en casa de mis padres, y pasé dos días estudiando el disco hasta que fui a su casa y comenzamos a ensayar.
Recorrí de nuevo todos los festivales y los teatros más importantes en España e internacionalmente. Fue la primera vez que actué en América, crucé el charco con el maestro. Fueron innumerables eventos, ensayos, charlas, consejos… Me quería como a un hijo, y yo lo respetaba y quería como a un padre. Era una relación muy especial. Le debo muchísimo. Sin él no sería lo que soy hoy, ni en la música ni en la vida.
A los 18 años también empecé algo que nació en mí: el deseo de compartir, de enseñar lo que había aprendido hasta ese momento.
En el sótano de la casa de mis padres comencé a dar clases con muy pocos alumnos, aunque algunos más se fueron sumando ese primer año.
Recuerdo que al año siguiente comenzaron a venir más alumnos a la escuela, y mis padres empezaron a cansarse de abrir y cerrar la puerta. Además, querían más privacidad en casa, así que busqué el primer local para alquilar y montar la academia.
En esa época alternaba las clases en la academia con actuaciones junto a Capullo de Jerez y otros artistas de la tierra por toda España y también fuera de nuestras fronteras. A los 20 años ya estaba muy solicitado como tocaor para los cantaores de Jerez y siempre estaba viajando por encuentros y festivales flamencos.
Fue un momento crucial para mi vida artística y personal, ya que pienso que ambas están ligadas y afectan una a la otra. Recuerdo que estaba en Rota y recibí una llamada en el móvil; sería una de las primeras llamadas de Paco Cepero, una leyenda para mí, un gigante del flamenco. Me dijo que en dos semanas actuaremos en el Teatro Villamarta (también era mi primera vez en el teatro de Jerez).
Y yo le dije “¡Vale!”. Jajaja, ¡pero era una locura! Un disco entero, y yo en bañador en la playa. Así que me fui a Jerez, al sótano en casa de mis padres, y pasé dos días estudiando el disco hasta que fui a su casa y comenzamos a ensayar.
Recorrí de nuevo todos los festivales y los teatros más importantes en España e internacionalmente. Fue la primera vez que actué en América, crucé el charco con el maestro. Fueron innumerables eventos, ensayos, charlas, consejos… Me quería como a un hijo, y yo lo respetaba y quería como a un padre. Era una relación muy especial. Le debo muchísimo. Sin él no sería lo que soy hoy, ni en la música ni en la vida.
En esta década sigo con mi labor de tocaor y profesor, ahora en un segundo local, más visible, donde ya empieza a observarse un buen cambio en el desarrollo artístico. En esta época toqué unos 2 años para el cantaor Luis “El Zambo”, de cuyo eco estaba enamorado desde niño. Para mí fue algo muy especial acompañar a una voz única en peñas, teatros y festivales. Así transcurrieron los años, acompañando a cantaores y cantaoras como, por ejemplo, uno de mis preferidos: Juan Moneo “El Torta”. Lo acompañé en varios festivales, y fue inolvidable. En general, acompañé a cantaores de Jerez, creo que prácticamente a todos. Cabe también destacar en mi vida artística el contacto que tuve con la grandísima artista Rocío Jurado y su familia, con quienes compartí encuentros en cumpleaños, romerías, en su casa celebrando el Año Nuevo…
Así, como dije antes, se fue desarrollando esta vida artística en paralelo con la academia, aunque comencé a darme cuenta de que ambas eran incompatibles.
La verdad, me atraía mucho más compartir lo que había aprendido y formar una escuela con un enfoque más concentrado en ella.
En esta década sigo con mi labor de tocaor y profesor, ahora en un segundo local, más visible, donde ya empieza a observarse un buen cambio en el desarrollo artístico. En esta época toqué unos 2 años para el cantaor Luis “El Zambo”, de cuyo eco estaba enamorado desde niño. Para mí fue algo muy especial acompañar a una voz única en peñas, teatros y festivales. Así transcurrieron los años, acompañando a cantaores y cantaoras como, por ejemplo, uno de mis preferidos: Juan Moneo “El Torta”. Lo acompañé en varios festivales, y fue inolvidable. En general, acompañé a cantaores de Jerez, creo que prácticamente a todos. Cabe también destacar en mi vida artística el contacto que tuve con la grandísima artista Rocío Jurado y su familia, con quienes compartí encuentros en cumpleaños, romerías, en su casa celebrando el Año Nuevo…
Así, como dije antes, se fue desarrollando esta vida artística en paralelo con la academia, aunque comencé a darme cuenta de que ambas eran incompatibles.
La verdad, me atraía mucho más compartir lo que había aprendido y formar una escuela con un enfoque más concentrado en ella.
A los 35-36 años sucedió un cambio muy importante en mi vida: abandoné el mundo artístico y me dediqué a la docencia. Abrí una nueva escuela, con un concepto que nunca antes había practicado ni visto, pero que surgió de una necesidad. Quería un sistema que incluyera todas las ramas de la guitarra flamenca: el acompañamiento al baile, la armonía, el toque moderno, el compás, el acompañamiento al cante, la identificación de estilos.
Lo que yo había experimentado durante mi vida, sobre todo, era el acompañamiento al cante, pero en las demás áreas no tenía el mismo nivel de conocimiento. Así que comencé a buscar maestros de cada especialidad para poder ofrecer una escuela de guitarra flamenca con sus diferentes variantes.
Fernando Carrasco (maestro de guitarra flamenca actual), con quien la conexión fue inmediata; me encantaba su música y su forma de interpretar. Viene de una gran familia flamenca, siendo su padre Fernando de la Morena, y juntos hemos recorrido este camino desde aproximadamente 2014, aprendiendo y adaptándonos a las circunstancias y a los tiempos.
Otro profesor del equipo inicial de la escuela es Manuel Cantarote (maestro de compás), y con él, igual que con Fernando, trabajar es muy fácil. Somos como familia desde antes de la creación de la escuela, ya habíamos trabajado juntos desde muy jóvenes.
El maestro Pedro Niño de la Fragua (profesor de la asignatura “Identificación de los estilos flamencos”) se incorporó un poco más tarde, pero trabajar con él también fue fácil y un gran acierto incluirlo, ya que se trata de una asignatura fundamental para los alumnos. El conocimiento del cante es crucial, y Pedro, que tiene la vivencia de su familia y además su título universitario como profesor, es ideal para enseñarla.
Luego se incorporó Juan Diego Mateos, cuya forma de tocar y explicar desde una perspectiva espiritual proyecta la guitarra jerezana desde un punto de vista único.
También contamos con los profesores de armonía, como Diego Pozo “El Ratón”, del famoso grupo Los Delinqüentes, que lleva muchos años con nosotros y hace una aportación increíble a los estudiantes, y Andrés Olaegui, quien, como Diego, nos ayuda a aprender muchísimo.
Domingo Rubichi, a cargo del acompañamiento al baile con su toque gitano, abre su corazón y nos impregna de jerezanía.
Y, por supuesto, mi hijo Joselito, quien lleva la escuela presencial en Jerez. Él está, como digo, “en primera línea”, tocando de forma muy bella y con un don especial para la enseñanza. No es solo lo que yo pienso; es lo que dicen todos.
También está Adri Castro, encargado de la asignatura Gym Guitar, donde practicamos ejercicios. Adri es un alumno de la escuela que está dando sus primeros pasos profesionales y toca muy bien.
Y ahora llegamos a una parte crucial de mi historia, cuando llegó la pandemia del coronavirus.
Un alumno de la escuela llamado Josua, de Chicago, me preguntó una vez: “¿Quieres que cree una plataforma para la escuela?”. Él es informático, y le dije que sí. Ahí cambió la escuela, es decir, mi vida. Empezamos a hacer cursos online, grabando vídeos, y comenzó esa aventura. Ahora, cuando miro atrás, veo que la plataforma ha cambiado mucho, y seguimos haciendo ajustes y mejoras. Estoy muy agradecido con él porque me abrió la oportunidad de mostrar nuestra escuela al mundo y hacer realidad mi sueño.
También, en esa época de la pandemia, empecé un grupo con mi gran amiga Nofar Yatskan, guitarrista que estudió y sigue con nosotros en la escuela. Ya hemos hecho varios conciertos en distintos países y, con la ayuda de Dios, pronto saldrá nuestro primer disco. Nuestro grupo se llama “Halevai”, y estoy muy ilusionado con este proyecto.
Así, en estos años, la escuela ha crecido mucho, y estamos muy satisfechos de haber llegado hasta aquí, sabiendo que nos queda un largo camino por recorrer y deseando desarrollarlo, por ejemplo, con un equipo de marketing.
Y el regalo más grande que me ha dado Dios es tener dos hijos que adora y amo. El mayor Joselito está en en la escuela y la verdad que estoy muy orgulloso de él mporque hace su trabajo de enseñar y compartir de una manera muy especial y el más pequeño Luis ya está tocando muy bien y haciendo sus pinitos en zambombas … 2 tocaores más … larga vida.
Con Valeriia, nuestra directora creativa, estamos modernizando la escuela y llevando la enseñanza a un nuevo nivel. Gracias a su visión innovadora, nuestra escuela ha evolucionado para ofrecer una experiencia de aprendizaje adaptada a los tiempos modernos, manteniendo siempre la esencia y la tradición.
Nos hemos comprometido con el formato online sin dejar de lado nuestra escuela presencial en Jerez. Ambas modalidades van de la mano, ya que transmitimos en directo casi todos los días desde la escuela para nuestra plataforma, que ahora cuenta con un sistema moderno y eficiente.
Actualmente, estamos iniciando una nueva etapa con un enfoque más sólido en marketing y realizando algunos cambios estratégicos. La evolución es parte de nuestra identidad: nunca nos quedamos estáticos. Avanzar y mejorar constantemente es lo que nos define.
Algo muy importante en nuestra escuela es que ofrecemos el toque de Jerez como bandera, porque es nuestro legado, y es lo que pienso cuidar, defender e investigar.
A los 35-36 años sucedió un cambio muy importante en mi vida: abandoné el mundo artístico y me dediqué a la docencia. Abrí una nueva escuela, con un concepto que nunca antes había practicado ni visto, pero que surgió de una necesidad. Quería un sistema que incluyera todas las ramas de la guitarra flamenca: el acompañamiento al baile, la armonía, el toque moderno, el compás, el acompañamiento al cante, la identificación de estilos.
Lo que yo había experimentado durante mi vida, sobre todo, era el acompañamiento al cante, pero en las demás áreas no tenía el mismo nivel de conocimiento. Así que comencé a buscar maestros de cada especialidad para poder ofrecer una escuela de guitarra flamenca con sus diferentes variantes.
Fernando Carrasco (maestro de guitarra flamenca actual), con quien la conexión fue inmediata; me encantaba su música y su forma de interpretar. Viene de una gran familia flamenca, siendo su padre Fernando de la Morena, y juntos hemos recorrido este camino desde aproximadamente 2014, aprendiendo y adaptándonos a las circunstancias y a los tiempos.
Otro profesor del equipo inicial de la escuela es Manuel Cantarote (maestro de compás), y con él, igual que con Fernando, trabajar es muy fácil. Somos como familia desde antes de la creación de la escuela, ya habíamos trabajado juntos desde muy jóvenes.
El maestro Pedro Niño de la Fragua (profesor de la asignatura “Identificación de los estilos flamencos”) se incorporó un poco más tarde, pero trabajar con él también fue fácil y un gran acierto incluirlo, ya que se trata de una asignatura fundamental para los alumnos. El conocimiento del cante es crucial, y Pedro, que tiene la vivencia de su familia y además su título universitario como profesor, es ideal para enseñarla.
Luego se incorporó Juan Diego Mateos, cuya forma de tocar y explicar desde una perspectiva espiritual proyecta la guitarra jerezana desde un punto de vista único.
También contamos con los profesores de armonía, como Diego Pozo “El Ratón”, del famoso grupo Los Delinqüentes, que lleva muchos años con nosotros y hace una aportación increíble a los estudiantes, y Andrés Olaegui, quien, como Diego, nos ayuda a aprender muchísimo.
Domingo Rubichi, a cargo del acompañamiento al baile con su toque gitano, abre su corazón y nos impregna de jerezanía.
Y, por supuesto, mi hijo Joselito, quien lleva la escuela presencial en Jerez. Él está, como digo, “en primera línea”, tocando de forma muy bella y con un don especial para la enseñanza. No es solo lo que yo pienso; es lo que dicen todos.
También está Adri Castro, encargado de la asignatura Gym Guitar, donde practicamos ejercicios. Adri es un alumno de la escuela que está dando sus primeros pasos profesionales y toca muy bien.
Y ahora llegamos a una parte crucial de mi historia, cuando llegó la pandemia del coronavirus.
Un alumno de la escuela llamado Josua, de Chicago, me preguntó una vez: “¿Quieres que cree una plataforma para la escuela?”. Él es informático, y le dije que sí. Ahí cambió la escuela, es decir, mi vida. Empezamos a hacer cursos online, grabando vídeos, y comenzó esa aventura. Ahora, cuando miro atrás, veo que la plataforma ha cambiado mucho, y seguimos haciendo ajustes y mejoras. Estoy muy agradecido con él porque me abrió la oportunidad de mostrar nuestra escuela al mundo y hacer realidad mi sueño.
También, en esa época de la pandemia, empecé un grupo con mi gran amiga Nofar Yatskan, guitarrista que estudió y sigue con nosotros en la escuela. Ya hemos hecho varios conciertos en distintos países y, con la ayuda de Dios, pronto saldrá nuestro primer disco. Nuestro grupo se llama “Halevai”, y estoy muy ilusionado con este proyecto.
Así, en estos años, la escuela ha crecido mucho, y estamos muy satisfechos de haber llegado hasta aquí, sabiendo que nos queda un largo camino por recorrer y deseando desarrollarlo, por ejemplo, con un equipo de marketing.
Y el regalo más grande que me ha dado Dios es tener dos hijos que adora y amo.El mayor Joselito está en en la escuela y la verdad que estoy muy orgulloso de él mporque hace su trabajo de enseñar y compartir de una manera muy especial y el más pequeño Luis ya está tocando muy bien y haciendo sus pinitos en zambombas … 2 tocaores más … larga vida.
Con Valeriia, nuestra directora creativa, estamos modernizando la escuela y llevando la enseñanza a un nuevo nivel. Gracias a su visión innovadora, nuestra escuela ha evolucionado para ofrecer una experiencia de aprendizaje adaptada a los tiempos modernos, manteniendo siempre la esencia y la tradición.
Nos hemos comprometido con el formato online sin dejar de lado nuestra escuela presencial en Jerez. Ambas modalidades van de la mano, ya que transmitimos en directo casi todos los días desde la escuela para nuestra plataforma, que ahora cuenta con un sistema moderno y eficiente.
Actualmente, estamos iniciando una nueva etapa con un enfoque más sólido en marketing y realizando algunos cambios estratégicos. La evolución es parte de nuestra identidad: nunca nos quedamos estáticos. Avanzar y mejorar constantemente es lo que nos define.
Algo muy importante en nuestra escuela es que ofrecemos el toque de Jerez como bandera, porque es nuestro legado, y es lo que pienso cuidar, defender e investigar.